El altar y la cruz que preside el presbiterio de la Catedral de Notre Dame de París resistieron al terrible incendio que en la noche del lunes 15 de abril destruyó las cubiertas, la aguja y parte de la bóveda de este símbolo del cristianismo de más de 800 años de antigüedad.

Luego de varias horas de combatir el fuego los bomberos consiguieron controlar el fuego, y un equipo de zapadores pudo entrar a la catedral.

Varias fotografías que circulan por internet, dejan ver un halo de luz procedente de las mismas llamas que devoran la Catedral, se introducía por uno de los rosetones del transepto iluminando la escultura de la Piedad, el altar y la cruz dorada que preside el ábside catedralicio.

De entre los escombros de la bóveda derrumbada, entre el humo y bajo las llamas que seguían reduciendo a cenizas el techo de la Catedral, se mantienen en pie el altar, la imagen de la Virgen con Jesús muerto en brazos, y la brillante cruz dorada.

Esta cruz, de madera recubierta de oro, es una obra moderna del escultor francés Marc Couturier. Se colocó en el mismo lugar donde se encontraba una cruz anterior que desapareció en el siglo XIX durante las obras de reestructuración del interior de la Catedral para repararla por los graves daños sufridos durante las diferentes oleadas revolucionarias y devolverle su aspecto gótico original.

Se encuentra justo detrás del conjunto escultórico de la Piedad, obra del siglo XVIII del conocido escultor francés Nicolas Coustou, justo debajo del presbiterio, en la cabecera de la girola del ábside catedralicio.

Sobre la cruz, también sobrevivió al fuego la escultura conocida como La Gloria, que forma parte del conjunto ideado por Couturier.

Por su parte, el altar también es una obra moderna de los escultores, padre e hijo, Jean y Sébastien Touret. A diferencia del altar antiguo de la Catedral, pegado al conjunto escultórico de la Piedad en el fondo del ábside, este altar moderno bendecido en 1989 y hecho en bronce, se encuentra justo debajo del crucero, donde se elevaba la aguja destruida por el incendio y donde, como consecuencia del colapso, se ha abierto un agujero en la bóveda.

Otras reliquias

La cruz, el altar y la Piedad no son los únicos elementos de valor religioso y artístico que se han salvado del incendio. La Catedral custodiaba importantes reliquias y obras de arte, algunas vinculadas a la Pasión del Señor. De entre ellas, cabe destacar la Corona de Espinas, un clavo de Cristo y un fragmento de la Cruz de Cristo.

Las tres se han salvado de las llamas. Las reliquias, en realidad, son propiedad del Estado Francés, al igual de la Catedral, pero, en virtud del Concordato con la Santa Sede, se custodian en la sede catedralicia.

Otro elemento importante que parece haberse salvado, aunque todavía debe evaluarse su estado, es el órgano de la Catedral, obra del siglo XIX del fabricante Aristide Cavaillé-Coll. También las vidrieras, algunas originales del siglo XIII otras reproducciones del siglo XIX, parecen haber resistido mejor de lo esperado, aunque se desconoce si se conservan en su integridad.

Asimismo, la sillería del coro del siglo XVIII, situado en el presbiterio, parece haberse salvado del fuego, aunque puede haber sufrido graves daños debido a las altas temperaturas que podrían haber afectado a los barnices que la recubría.

Por último, algunas de las estatuas de la fachada de la Catedral se habían desmontado antes del incendio y trasladado a un centro de restauración, por lo que no se han visto afectadas. También cabe destacar que las famosas estatuas de los reyes de Judea que adornan la fachada principal son reproducciones, ya que las originales góticas fueron derribadas durante las oleadas revolucionarias del siglo XIX y decapitadas, y sus restos se exponen en el Museo Cluny de París.

Con información de ACI Prensa

Foto: Stefano Cascio