Iridiscente

Anna Evelyn Valdez

“Después de ver las noticias y apagarlas decepcionada, te das cuentas que conoces a personas que tienen esas necesidades de las que hablan las noticias... y es entonces cuando te preguntas a ti mismo: ¿Qué es lo que realmente defiendo? Y ¿qué he hecho para mostrarlo? Y ése es el momento de tomar la decisión: o te conviertes en un profeta o simplemente tratas de sacar el pensamiento de tu mente e ignorarlo. ¿Qué es lo que harás?” 

Este es el parafraseo de un extracto del libro “El tiempo es ahora: un llamado a una valentía inusual” (The Time is Now: A Call to Uncommon Courage) de Sister Joan Chittister, una monja Benedictina, escritora y activista. La escuché en un Podcast con Oprah Winfrey, con quien estaba conversando sobre su libro, y automáticamente muchos de sus pensamientos me confrontaron, porque si bien, ellas se referían sobre la situación actual de Estados Unidos, país donde ambas viven, se parece mucho a la situación de esta bella Guatemala y sin duda de muchas otras partes del mundo.

Sister Joan plantea que gran parte del problema de la sociedad actual radica en una crisis moral, en donde el egocentrismo es el protagonista. “Como sociedad hemos aceptado que la persona exitosa es aquella que puede sostenerse a sí misma, sin tomar en consideración al resto de personas a su alrededor.”   Y a mi juicio, tiene razón, hemos hecho del éxito un apetecible triunfo personal, no colectivo.

En su libro, Sister Joan, comenta que este momento de la historia requiere una decisión de parte nuestra, el mundo actual nos llama a tener una valentía inusual, el mundo espera que nosotros asumamos nuestra responsabilidad moral y espiritual de convertirnos en los profetas de este siglo. “El profeta”, comenta Sister Joan, “es aquel que dice NO a todo aquello que no es de Dios. Violencia, irrespeto, muerte, dolor, polución, contaminación, odio, rechazo, injusticia... Y este único Dios, de la manera como cada uno desee verlo, experimentarlo o nombrarlo, desea la unidad de todos, desea que tú y yo seamos parte de lo bueno de este mundo, de lo bueno que es para todos”, comenta.

En su opinión, cada uno de nosotros podemos tomar acción ante las cosas que suceden a nuestro alrededor y comenta ciertos pasos: “Primero, toma consciencia de lo que pasa alrededor, ¿hay una nueva ley que desean aprobar en el Congreso? ¿Hay un cambio en una normativa? ¿Hay un problema inminente? Conócelo y estúdialo. Luego, llama a 4 ó 6 personas, familiares, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, con quienes puedas reunirte y empiecen a platicar sobre el tema, hablen sobre sus implicaciones, sus ventajas y desventajas. Expongan sus ideas, comenten, sugieran. Y luego magnifiquen sus voces. Háganse escuchar”, indica.

Durante la entrevista, tanto Oprah como Sister Joan comentaban cómo hemos perdido el arte de la verdadera conversación. “Estamos acostumbrados a ganar. Deseamos ganar, ganar, ganar y ganar, en cualquier relación, en cualquier conversación. Y no estamos en este mundo para ganar, estamos aquí para crecer, para conocer, para desarrollarnos, para que este mundo sea mejor, porque nosotros estuvimos aquí...” al parecer, no terminamos de entender que la única forma de realmente ganar es cuando todos ganamos.

Optar por ser valientes, requiere tomar una postura, requiere dejar la apatía y la complacencia de dejar que otros se encarguen de los problemas. Requiere tomar aquel tema que realmente nos preocupa, el tema que carga nuestro corazón, que nos enoja y que nos impulsa a actuar, y así formar parte de, o generar lo que ella llama la “conversación civil”. “Es también atreverse a decir, en medio de una conversación, con respeto y en paz: yo no estoy de acuerdo contigo, yo pienso diferente... e iniciar el intercambio de ideas”. Lo importante será generar esas conversaciones con la correcta apertura mental, aquella que busca entender antes de ser entendido, converger en vez de imponer, crear en equipo en vez de destruir lo que no es mío. Diálogos cuyo objetivo no sea buscar cómo callar al otro, sino cómo se pueden engrandecer las ideas con las experiencias y conocimientos de otros. Como bien decía Sister Joan, no con el afán de ganar, sino con el deseo de crecer.

“No importa el tema que sea, involúcrate, todo regresará a la misma fuente”, comenta.  ¿Qué es lo que realmente tú defiendes? ¿Animales, el medio ambiente, niños, mujeres, injusticias, fe? ¿Qué has hecho para demostrarlo?  

Debo confesar que escuchar a Sister Joan me conmovió de muchas maneras. Hace algún tiempo, trataba de no mirar las noticias porque me deprimían, evadía de mil formas la política y sus engañosas acciones, evitaba la realidad de otros, por ser demasiado cruda y demasiado real. Pero Sister Joan tiene razón, todo nos alcanza. Somos una sociedad, porque Dios nos ha creado como seres sociales, no aislados. Nos necesitamos unos a otros, para hacernos crecer, para curarnos, para convivir, para desarrollarnos. Voltear la mirada hacia otro lado, no cambia la realidad. Cerrar los ojos no logra desaparecer la necesidad de luz. Es nuestro accionar, nuestras ideas, nuestro aporte lo que puede causar un impacto real. El que cada uno de nosotros se involucre, en aquello que es nuestro llamado, ahí mismo donde estamos, eso hará una diferencia. El mundo, y nuestro propio país pide a gritos nuestra voz, la que hable nuestra propia verdad, la que deje al descubierto lo que nos duele, lo que nos enoja, lo que haríamos distinto, lo que creemos que pueda funcionar. Todo puede iniciar con una pequeña pero valiente decisión: decidir iniciar y/o ser parte de la conversación.

Sobre todo, las palabras de Sister Joan me hicieron recordar tanto a las de las Sisters de Maryknoll, de mi Colegio Monte María, quienes también nos insistían en conocer la realidad, diciéndonos: “Lean las noticias, tienen que estar informadas de lo que pasa alrededor, porque sólo si conocen su realidad podrán opinar con criterio propio” y al comentar las diferentes situaciones, recuerdo su mirada amorosa y a la vez desafiante mientras nos preguntaban: (What will you do, girls?, what will you do?) “¿Qué harán ustedes, niñas? ¿Qué harán?”.

 

El tiempo es ahora. Y la decisión, sólo nuestra.