Luis Figueroa
Luis Figueroa
Sobre el autor:
Autor de la bitácora Carpe Diem, en luisfi61.com. Fue miembro del consejo editorial del semanario The Siglo News y director del semanario Pulso Económico de Siglo Veintiuno. Fue columnista en globalpolitician.com y fue columnista invitado en foxnews.com durante la crisis del 11-S. Es profesor de Filosofía Social, de Oratoria Forense y de Improvisación.

Con la consigna de #NoQuebremosGuate una caravana contra el encierro forzado recorrió las calles de la ciudad de Guatemala entre el Monumento a los próceres de la Independencia y la Plaza de la Constitución.

¿Por qué participé?

1. Porque estoy convencido de que la función del buen gobierno es proteger los derechos individuales de todos por igual; y no administrar las vidas de las personas en función de intereses políticos, por muy buena apariencia que tengan esos intereses. Cuando los políticos y burócratas empiezan a violar las esferas de acción privada de las personas, para imponer criterios, es el momento de salir en defensa de la libertad.


2. Porque cada día de encierro que pasa destruye más y más capacidad productiva que costará muchísimo reponer.  De esa capacidad productiva dependen miles y miles de familias guatemaltecas para trabajar, pagar el colegio de los niños, la mensualidad del carro, el alquiler de la casa, el mercado y el supermercado, la salud, y tantas otras necesidades que a muchos, quizás demasiados, no les cuesta.  Aquella destrucción de capacidades afecta más a los más pobres, a los que no tienen ahorros, a los que viven en un cuarto,o dos y a los que viven al dia; y no puede empezar a ser recuperada si no le les permite a las personas trabajar y producir.


3. Porque si bien es cierto que el Sars-Cov-2 y la Covid-19 son amenazas; también es cierto que cada día las conocemos mejor y que, eventualmente pasarán, como pasaron la influenza española y la pandemia de 1958.  En ninguna de esas ocasiones se encerró a la gente y se le prohibió trabajar.  Las pandemias pasaron, y no hubo daños irreparables a las capacidades productivas de las personas. No puedo quedarme tranquilo, en casa, cuando miles de personas han llegado al borde de la desesparación y hay hambre fabricado.


4. Tampoco puedo ser indiferente al pensar en las miles de familias que viven hacinadas y ahora encerradas; en los niños y las mujeres que sufren de abusos, ahora encerradas y empobrecidas; o en los campesinos (por mencionar una actividad económica) que han visto como se pierden sus cosechas y sus esperanzas de elevar su calidad de vida.


5. Porque aunque vendrán tiempos de aprendizaje y de adaptación, como consecuencia de todo lo que ignoramos acerca del virus chino y de la enfermedad que causa, también es cierto que las personas no pueden enfrentar la incertidumbre si a la incertidumbre natural se le añaden los golpes de timón, las arbitrariedades y los caprichos desde el poder.


6. Porque aquí y en Timboctú, la centralización de decisiones limita la búsqueda de soluciones, crea cuellos de botella y es caldo de cultivo para la corrupción.  Y porque mientras más tiempo duran el encierro y las prohibiciones, más se agravan los males que trae.


7. Porque cada vez que veo un niño (y claro que las valoraciones son personales), pienso que no me hubiera gustado crecer en una sociedad tipo rebaño, en la que el miedo y la dependencia fueran las actitudes prevalecientes; y en la que se viviera por permiso, en vez de por derecho; y en la que los intereses colectivos prevalecieran sobre los derechos individuales.


Dicho lo anterior, celebró que haya ido un gentío a la caravana; una estimación calculó que había por lo menos tres kilómetros de vehículos, muchas veces en doble fila.  ¿Por qué en vehículo? Para guardar la distancia, que es una medida razonable. ¿Quén querría un 8-M como el que organizaron en España?

Por un momento el acceso a la Plaza de la Constitución estuvo bloqueado (y creo que esa fue una decisión inmadura e innecesaria); pero cuando llegué a ese espacio el paso estaba expedito.  Al final de la Avenida de la Reforma (norte) el acceso a la zona 4 estaba bloqueado por policías (otra decisión absurda), así que agarramos hacia el Estadio Mateo Flores y de ahí enfilamos hacia la Séptima avenida para reencontrar a la caravana cuando entraba al Centro Cívico.

Ojalá todos aprendamos de esta experiencia, para bien.  En paz.  Con respeto. Con el ánimo de detener la destrucción y chambear como chambeamos los chapines.