Redacción
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Guatemala, seamos consecuentes, o no seamos hipócritas.

Es difícil escribir un editorial en el cual se hacen alusiones directas, no con el ánimo de insultar, pero con la responsabilidad ética de señalar la falta de consecuencia y quizás hasta la hipocresía de algunas “personalidades” y del sistema machista de nuestra Guatemala.

En los últimos años, Guatemala ha tratado de enfrentarse a un sistema de justicia corrupto y débil, solo para encontrarse con que la corrupción se ha enquistado en el sistema de una forma cancerígena y destructiva que llega hasta las mismas facultades de ciencias jurídicas en las universidades del país. Peor aún y para el desmayo de la población, esta hambrienta, podrida y corrupta búsqueda de poder también esta enquistada en la sociedad civil, que se ha valido del tráfico de influencias y de la complicidad prevaricadora de diplomáticos, activistas, jueces y magistrados para secuestrar una cuota de poder que no le corresponde.

En esta lucha dolorosa por una verdadera justicia en el país, vimos hace unos días como sin vergüenza alguna, Martin Rodriguez Pellecer, acusado públicamente por algunas de sus víctimas, de acoso y abuso sexual y psicológico contra varias decenas de mujeres, era aplaudido y ensalzado por periodistas y otras personalidades de Guatemala. Más grave aún es que el medio periodístico al que Rodriguez Pellecer pertenece/pertenecía, le dio el espacio para publicar su “despedida” y desvergonzada evasión al proceso de investigación legal y formal, pero nunca le le dio ese mismo espacio a sus víctimas, algunas de las cuales aún laboran en ese medio. Es una aberración al periodismo “investigativo” y al “criterio”, que Nómada y otros periodistas/analistas le dieran y multiplicaran un espacio que resultó ser un insulto, no solo a las víctimas de Rodriguez Pellecer, pero una bofetada de complicidad indiferente a todas las mujeres guatemaltecas que en silencio gritan porque se les haga justicia en un sistema machista, que protege incluso a un presunto violador que se autodenomina “feminista”.

Ante esta falta de congruencia, es valido hacerse las siguientes preguntas:

¿Queremos o no queremos una Guatemala libre de corrupción?

Muchas de las personas que le han dado el espacio a un presunto violador para justificarse, son las que por años han vitoreado la lucha contra la corrupción en Guatemala. Pareciera que cayeron en el mismo esquema de corrupción, ya que defienden y justifican a un posible criminal, basados quizás en amistad, ideología o por pertenecer al mismo gremio. Eso al final es CORRUPCIÓN. Cortos de retractarse y pedirle disculpas públicamente a todas las mujeres abusadas que aun esperan justicia, los periodistas y personalidades que consienten a un presunto violador, perderán cualquier credibilidad y solvencia moral para luchar honestamente contra la corrupción en nuestro país.

¿Queremos o no queremos verdadera justicia en Guatemala?

Es indignante que ante una denuncia pública hecha por varias de las víctimas de acoso y abuso, los inversionistas de un medio se escuden en una “pseudo investigación”, liderada NO por la autoridad competente que en este caso es el Ministerio Público, sino por una ONG extranjera. Esto es una burda simulación de justicia y dichos inversionistas han caído quizás en complicidad criminal con su aún socio, al no haber hecho las denuncias correspondientes ante las autoridades. Eso también es CORRUPCIÓN. Quienes han financiado y quienes representan legalmente a Nómada, tienen la obligación de avocarse a las autoridades penales para que la investigación se haga en la única forma que se puede hacer, LEGALMENTE.

¿Y la Fiscalía de la Mujer en el Ministerio Público?

¿Actuaron de oficio, como es su obligación hacerlo, ante una denuncia hecha en forma pública?

¿Le llegan a la Licenciada Yolanda Sandoval, fiscal a cargo de la Fiscalía de la Mujer, los gritos silenciosos, de cientos de miles de mujeres guatemaltecas, abusadas, violadas y denigradas, que aún piden justicia?

No podemos ser hipócritas. La justicia en Guatemala debe aplicarse a todos, sin importar gremio, estatus, o nivel de reconocimiento.

El gremio periodístico tiene la obligación de actuar en forma ética, no solo en su oficio, pero también como columna de la sociedad que exige y necesita permanecer informada.