Del escritorio de Edgar Castro Bathen

 

 

Foto 1 Eleonora manos a la obra, observando a través de un telescopio en una observación de estrellas en la Universidad Rafael Landívar. Créditos de Clubes Landívar.

Orión fue la primera constelación que le enseñó su abuelita. Apenas tenía 5 años.  Era una niña callada, pero captaba muy bien lo que le enseñaba doña Margarita, quien fue su mentora inolvidable.  Cuando le hablaba a su nieta, nunca se imaginó el poder que tendrían sus palabras, oigamos… “no son estrellas que se queman, son pedazos de roca que cuando entran a la atmósfera se desintegran, el término correcto es lluvia de meteoros, no de estrellas”.

Para la pequeña Eleonora esos eran momentos de oro. Aquella niña que normalmente era callada, allí sí preguntaba y preguntaba mucho. Quería saber por qué las estrellas eran de colores, si estaban a la misma distancia, por qué unas brillaban más que otras y muchas cosas más. 

Algunas noches se limitaban a recostarse sobre las sillas de playa que la abuelita había colocado allí, y se limitaban a observar y disfrutar el firmamento.  Otras eran de aprendizaje. Con el tiempo la pequeña Eleonora aprendió varias constelaciones: Tauro, el Can Mayor, la Osa Mayor y la Osa Menor.  Doña Margarita contaba las historias mitológicas de las constelaciones y la niña se imaginaba los personajes y sus andanzas.

 

 

Foto 2 Doña Margarita López Sandoval y su nieta Eleonora Poitevin, el 11 de julio de 1991, día del eclipse total de sol en Guatemala. Créditos de Eduardo Poitevin.

Pasaron los años y nunca olvidó esos momentos.  Por ser hija única siempre estaba con adultos y aprendió a ser analítica y observadora.  Estudió en el Instituto María Auxiliadora desde la primaria hasta diversificado. En secundaria, le gustaba la Física fundamental, y dentro de ésta, la parte de Newton y cómo formuló la ley de la Gravitación Universal.  Para ella fue fácil. Acostumbraba a explicarles a sus compañeras los problemas de matemáticas, contabilidad, física, biología. Su casa parecía otro colegio, pues siempre estaba llena de compañeras estudiando. 

Eleonora se dio cuenta que le gustaba ser maestra y se graduó como tal. Para explicar usaba ejemplos de planetas.  Su papá tenía un telescopio y se lo regaló al ver que le gustaba la Astronomía.

Universidad.

Si hubiera querido, se hubiera podido ir a estudiar al extranjero, pues tenía notas excelentes, pero los lazos familiares le hicieron quedarse en Guatemala.  La Universidad Rafael Landívar le otorgó la beca Loyola, que es la beca para estudiantes de colegios católicos que se dan al mejor promedio de notas y sólo dan 1 ó 2 por colegio. 

En la universidad descubrió había otros estudiantes a quienes les gustaba lo mismo que a ella. Fue en una feria de ingreso donde se encontró con un telescopio de 8” color naranja que identificaba al Club de Ciencias y Astronomía, le gustó y se inscribió de una vez.  

Iba a las reuniones de los viernes por la noche y sus papás la iban a dejar.  Fue allí donde aprendió a observar con el telescopio catadióptrico de 14” del observatorio.  Marcell Maldonado, uno de los coordinadores, dice: “en las reuniones se empezó a notar el interés que Eleonora tenía en Astronomía.  Se organizaban diversos eventos astronómicos que se combinaban con eventos artísticos y ella estaba allí. Era muy estricta y formal para organizar eventos.  Siempre nos llamó la atención el liderazgo que tenía, un liderazgo tan alto que hasta la fecha no ha podido ser llenado, desde que dejó el cargo al salir de la universidad”.  Eleonora fue Coordinadora del Club en los años 2009-2015.  

Foto 3  Eleonora Poitevin observando con el telescopio catadióptrico de 14”, del Observatorio Christopher Clavius, de la Universidad Rafael Landívar. Créditos de Edgar Castro Bathen.

Catedrática de Astronomía.

Conociendo su trayectoria, la Universidad Galileo le ofreció la plaza de catedrática del Diplomado en Astronomía, programa en el cual se ha desempeñado hasta la fecha. El doctor Arturo García, exalumno de su primer grupo, dice: “La  maestra galáctica (así le decían sus alumnos) resultó ser apegada y estricta al conocimiento científico, inspiradora, entusiasta y amistosa. Ponía unos exámenes que Dios guarde, pero aprendimos mucho”. 

Presidenta de la AGA de 2018 hasta la fecha.

En 2018, pasó a formar parte de la Asociación Guatemalteca de Astronomía (AGA), y cuando se venció el período de la directiva, presentó su planilla y fue electa por unanimidad, estableciendo el récord de ser la primera presidenta de la AGA.  

En menos de un año, la AGA triplicó su cantidad de socios, volviéndose la agrupación más grande de astronomía de Guatemala.  Sus miembros están contentos, como Tania Chaluleu, quien considera que ha hecho un buen papel. “Implementó diversos cursos de astronomía”, dice, “también me gustó que creó clubes de interés especial, como lo son el Club de la Luna, el Club de las Constelaciones, el Club de Historia Espacial”.  “Es una persona digna de admiración, que se fija objetivos y los logra”, apunta Tania, “Es una profesional joven, con mucho liderazgo.”.

Foto 4. Eleonora Poitevin (al centro) con su directiva, cuando ganó las elecciones de la AGA, para ser la primera presidenta de dicha asociación.  Créditos de Edgar Castro Bathen.

Miembro del comité NOC 2019-2022.

En 2019, Eleonora fue llamada recientemente para formar parte del National Outreach Contact, el Comité Coordinador de Divulgación de la Astronomía en Guatemala que le reporta a la Unión Astronómica Internacional (UAI), presidido por el Doctor Rodrigo Sacahui.  Su tarea es registrar y reportar las actividades de divulgación y promoción de la Astronomía que se hagan en el país. Esta posición la pone en contacto con la comunidad internacional de astronomía. 

Como vemos estimados amigos, la hoja de vida de Eleonora Poitevin es una hoja hermosa, una historia de liderazgo, de conquistar metas, de superación, alimentada por el fuego de esa gran pasión por la Astronomía. Desde las  estrellas, su abuelita estará orgullosa de ella y así nos sentimos los que tenemos el honor de conocerla.