Con sentido

¿No les preocupa que cada vez más se «admiten» errores ortográficos en todo tipo de escrito? He visto «horrores» en los periódicos, en libros (a menudo mal traducidos con falsos amigos, además de errores gramaticales y ortográficos), en anuncios, en cartas de instituciones «prestigiosas»…  pareciera que ahora se cometen faltas y no se les da la más mínima importancia. ¿Será que es realmente por desconocimiento o será desinterés? Porque, como dicen algunos, «pero me entendiste, ¿verdad?», entonces para qué esforzarse. Aunque habría que ver las discusiones que se generan a causa de malentendidos debido a la mala redacción en mensajes de texto. O ¿no les ha pasado?

Me parece que no hay excusa, los procesadores de texto cuentan con correctores gramaticales y ortográficos (obviamente, hay palabras que estos no «detectan», porque no son humanos; me refiero a casos como «identificó» frente a «identifico», si el programa no reconoce el pronombre él o yo, respectivamente, no sabrá si a tal verbo le corresponde llevar tilde o no). Por lo menos, al utilizar el corrector de textos, detectaremos la mayoría de los errores… y esa ya es una ganancia. Tristemente, ni eso hacen muchos al entregar o enviar un escrito.

¿Cuál será el problema? Y, principalmente, ¿cómo lo corregimos? Vamos a centrarnos en los jóvenes, pues son nuestro futuro y de ellos dependerá la evolución (o deterioro) en la comunicación de nuestro idioma.

Primero, me parece que la educación escolar deja mucho qué desear, puesto que he sabido de casos en que el maestro tilda examen (que no lleva tilde por ser una palabra grave terminada en ene) y dejemos de lado la gramática y la redacción en sí. Entonces, ¿cómo esperamos que los alumnos tilden correctamente? Por consiguiente, estos jóvenes llegan a las universidades con graves problemas para redactar (y eso, suponiendo que sus catedráticos sí tienen un buen nivel ortográfico y gramatical, y que se dan a la tarea de revisar los trabajos de sus estudiantes).

Segundo, los jóvenes ya casi no leen «textos serios», ni libros (si nos va bien, leen algún resumen en internet, el cual muy probablemente esté infestado con faltas). Si leen noticias, lo hacen en Twitter o en Facebook, y solamente ojean los titulares, rara vez leen las noticias completas. Por lo tanto, con tan poca lectura, su conocimiento léxico y ortográfico es sumamente deficiente.

Tercero, utilizan la tecnología (Facebook, WhatsApp, correo electrónico, entre otros), lo cual debería ser una ventaja, pues la comunicación es prácticamente inmediata. Lamentablemente, por la misma rapidez de esta, no consideran necesario usar tildes, inventan abreviaturas y paran escribiendo cosas como «haber si es cierto» o «si llego» (en donde queda la duda de si es una afirmación o un condicional).

Cuarto, todo lo consultan en Google (no me malinterpreten, es una herramienta muy útil, es «san Google» como muchos lo llaman), pero debemos estar conscientes de que no todo lo que aparece en internet está validado o normado. No conocen que en 2014 se publicó la 23.ª edición del Diccionario de la lengua española (DLE y no DRAE), que, dicho sea de paso, no es solo de la RAE, sino de la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española, que representa los 23 países hispanohablantes), y es un diccionario panhispánico que se actualiza constantemente. Ya ni siquiera es necesario comprarlo, pues puede consultarse en línea y se puede descargar la aplicación para el celular. Así que ¡no hay excusa! Y eso no es todo, en internet se pueden encontrar los últimos cambios (ya no tan nuevos) de la gramática (2009) y de la ortografía (2010).

Entonces, ¿qué hacemos para crear conciencia entre los hablantes sobre los problemas y costos que puede acarrear la mala redacción? Es una tarea difícil, pero no imposible.

 

Mayra Franke / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.