Terminó la Semana Santa y los reportes oficiales del SINAPRESE dan cuenta que en 14 campamentos y 7 puestos de control se brindó atención a 21,281 personas de las cuales 169 resultaron heridas y 51 requirieron de atención hospitalaria. En total 7 personas perdieron la vida durante la semana mayor. Se contabilizan menos tragedias que en años anteriores. Sin embargo, políticamente fue una semana que de seguro ha dejado a muchos contendientes de la carrera electoral, en una verdadera capilla ardiente.

Y habiendo pasado el tiempo de la Semana Santa en la que ya sea por prédica, sermón o la película histórica religiosa de la época, uno se empapa de los términos del Canaán de hace dos mil años, caemos en cuenta, de que en esta Guatemala, son poderes similares los que tratan de regir el destino del país.

La contienda electoral está plagada de incertidumbre y desconfianza. Lo que tenemos es una población exacerbada por el actuar a todas luces poco objetivo y sumamente discrecional del Tribunal Supremo Electoral, que admite candidaturas de personas con denuncias penales y administrativas, interpuestas por la Contraloría General de Cuentas, el Ministerio Público, la sociedad civil, etc.

Es vergonzoso que después de años de luchar por recuperar el Estado de Derecho y por librar a Guatemala de las garras de la insidiosa corrupción incrustada sistémicamente en la sociedad, los Magistrados y el director del Registro de Ciudadanos del Tribunal Supremo Electoral, actúen en forma arbitraria y venal, tal como el vil y servil Poncio Pilato.

Pero, no hay que olvidar que hay muchos intereses detrás de las elecciones para así tomar control de los puestos de poder en el país. Sin duda, como los saduceos, secta de la alta sociedad judía con poco afecto popular pero muy influyentes en la época de Jesucristo; existen personajes en la Guatemala de hoy, que con tal de mantener su cuota de poder y proteger sus intereses y resarcimientos durante los próximos cuatro años, buscan por medio del soborno, el terror mediático y hasta las amenazas físicas, facilitar la llegada de la candidata o el candidato que más les conviene. Estos sectores han encontrado en los diferentes tribunales, a publicanos que venden su voluntad y voto, tales mercenarios o ciegos ideólogos, al mejor postor.

Dejando a un lado los intereses sectoriales por la elecciones, los ciudadanos debemos estar conscientes que la formación cívica en el país dista de ser ideal y en la población hay quienes se interesan por un posicionamiento ideológico, un interés gremial y hasta por una inversión financiera en la política, más que por el bien común y por un proyecto político de alcance estratégico que pueda traer un verdadero cambio positivo para el país.

Estos grupos con sus limitados intereses, lamentablemente actúan en forma ensimismada y como fariseos hipócritamente señalan y demonizan a cualquiera que en sus opiniones y preferencias difieren de las de ellos. La incesante paja en el ojo ajeno se ha vuelto la forma en la que algunas minorías políticas buscan sobreponerse tiránicamente con la ayuda de voceadores y vendedores de aparentes verdades, a la voluntad democrática de una mayoría silenciosa. 

El 27 de febrero de 1860, durante su campaña política en Nueva York, el entonces candidato presidencial Abraham Lincoln dijo en un discurso “las personas somos los amos legítimos del Congreso y los tribunales, no para derrocar la Constitución pero para derrocar a los hombres que pervierten la Constitución”. Esta frase no puede ser más adecuada para la realidad nacional, en la que los ciudadanos, una gran mayoría, están a merced de la perniciosa y quizás prevaricadora voluntad de unos cuantos juristas, que han decidido poner en riesgo la Constitución, pervirtiéndola con sus politizadas interpretaciones.

Hace más de dos mil años, unos cuantos escribas, supuestos especialistas de la ley judía condenaron a un hombre a un juicio y a una muerte injusta, porque EL no convenía a sus intereses. Para evitar que a Guatemala le sea impuesta una falsa democracia por una mano de escribas chapines, la ciudadanía guatemalteca debe estar atenta y debe estar dispuesta a tomar todas las acciones legales  que resguarden la República y protejan la Constitución de la tiranía de las togas y que estas elecciones sean un verdadero ejercicio libre y democrático.