Luis Fernando Urbina Álvarez
Luis Fernando Urbina Álvarez
Sobre el autor:
Publicista, Comunicador Social Especializado en Mercadeo Estratégico, Administración, Gerencia de Campañas y Estudios Estratégicos. Con experiencia en publicidad comercial, campañas de RSE en la iniciativa privada, comunicación política digital, comunicación de crisis, relaciones públicas en instituciones de educación superior y personas públicas.

Luis Urbina

En marzo 2020, cuando recién se confirmó el primer caso de COVID19 en Guatemala, muchos guatemaltecos mostraron su apoyo al gobierno de Alejandro Giammattei, los puntos de opinión giraban en torno a las “medidas acertadas” y tempranas asumidas para enfrentar la crisis, se aceptó la suspensión del transporte público urbano y extraurbano, el cierre de eventos públicos, lugares de adoración, la implementación de horarios de atención reducidos y la limitación de movilidad parcial.

Muchos afirmaban, que tener un presidente que fuera médico; era un punto a favor para enfrentar la crisis sanitaria causada por la pandemia. Una apelación a la autoridad que se derrumbó gracias a los errores en la administración de la cartera de salud, sobre todo, a las limitadas habilidades administrativas de los funcionarios públicos que fueron colocados a dedo, como pago de deuda política, sin tomar en cuenta que no poseían las capacidades administrativas para la magnitud de la tarea asignada.

Todos los guatemaltecos fuimos testigos, de cómo el Ministerio de Salud se mueve como un elefante blanco, cuyos dirigentes carecían de las habilidades administrativas para hacerlo funcionar ágilmente.

Por otro lado, vimos una presidencia con mucha energía y proactividad, buscando alianzas, donaciones y proponiendo planes de ampliación de la red hospitalaria que infundía cierta empatía, ya que de todos es conocido el histórico abandono del sector salud, además, de tener claro, que muchas de las autoridades y sindicatos han utilizado el ministerio como una especie de mina de oro, del poco control y calidad de gasto en la compra de medicamentos, así como de la corrupción en las esferas administrativas, o el robo hormiga que limita el buen funcionamiento de los hospitales.

A pesar que la iniciativa privada movilizó millonarias donaciones, con el pasar del tiempo, fuimos testigos de la incapacidad de la cúpula nombrada en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, hasta hoy, no se ha publicado un informe con el total de lo recibido y el lugar al que fue destinada dicha donación, lo que deja otro agujero más sobre la dañada credibilidad del actual gobierno.

Realizando un sumario de errores durante la crisis, podríamos enfatizar que el manejo de los datos relacionados a los contagios y la nula capacidad de su comunicación, causaron una grieta en la credibilidad de la institución, que cinco meses después sigue generando rechazo. Fue irresponsable, que las primeras gráficas presentadas a la población hicieran énfasis en las personas recuperadas, ya que esto podría causar una falsa sensación de seguridad; relajando la implementación de las medidas sanitarias de manera individual o personal.

Las limitadas habilidades para hablar en público del anterior ministro, el pobre manejo de la información por parte de su departamento de comunicación, su nepotismo en algunas funciones vitales de la administración pública y sobre todo la incapacidad administrativa para contrataciones y compra de insumos, han sido el peor de los lastres para atender a los pacientes de COVID19, así como, la principal fuente de descontento de la población.

También debemos señalar, que uno de los rubros de miles de quetzales que se ejecutaron velozmente, fue la de la adquisición de espacios radiales, televisivos y en medios digitales, que han buscado desde el inicio del gobierno, mantener la falsa sensación de seguridad sobre el manejo de la crisis, una especie de animadores contratados, para aplaudir las pocas acciones positivas, contrastando con lo incapacidad para ejecutar fondos para brindar la atención médica a los ciudadanos y la ocultación o manipulación de la verdad.

Un caso puntual para enmarcar dicha afirmación, fue la negación pública del descontento de pacientes dentro del parque de la industria, y la fuga de dos de los internos, hechos que fueron negados rotundamente por algunos medios de comunicación y que posteriormente se vieron en la necesidad de aceptar y publicar.

A manera de conclusión, la remoción de Hugo Monroy ha sido una de las medidas más acertadas en el manejo de la actual crisis, ya que esto ha permitido empezar a corregir los errores iniciales, el manejo de los datos, el secretismo de gastos en la cartera de salud, el nepotismo e incapacidad en algunos puestos clave para atender la crisis sanitaria, remoción, que aún no ha dado todos los resultados esperados en la ejecución eficiente de los recursos, ni en la contratación de personal necesario para atender la crisis.

Esa es una tarea pendiente del gobierno y se traduce en el reto de la ministra sucesora, que hasta ahora, ha demostrado poseer madurez profesional para ocupar el cargo que le fue confiado, corregir datos, dar explicaciones, pero que aún tiene que resolver la ineficiencia burocrática del elefante blanco que dirige, la publicación de hoy, de encontrar medicamento a vencido o a punto de vencer es otro traspié que nos indica que la burocracia es la principal crisis a superar en el sistema de salud.